Los datos han tumbado el refrán que dice que la muerte nos equipara a todos. Lejos de lo que se cree, la forma en la que dejamos el mundo es el último rescoldo de desigualdad de la vida. El Atlas Nacional de Mortalidad, un estudio elaborado por el grupo de investigación Bayensians de la Fundación Fisabio y la Dirección General de Salud Pública de la Generalitat Valenciana, explora cerca de 10 millones de fallecimientos entre 1989 y 2014 para concluir que “por más que muramos todos, no morimos todos por igual, lo hacemos en función del sitio en el que vivimos”.

Así lo expresa el estadista Miguel Ángel Martínez Beneito, responsable del proyecto. “Existen grandes y graves desigualdades geográficas que no deberían existir”, corrobora. Si nos centramos en la provincia de Málaga podemos ver una clara desigualdad entre la mitad norte y la sur y que el riesgo de muerte está 6 puntos por encima de la media nacional.  Esta fractura atiende a múltiples factores, como la renta. Pero ¿afecta el nivel socioeconómico a la mortalidad? Para Martínez Beneito, es “el mayor determinante”.

Es decir, por debajo de la media nacional, centrándonos en la provincia de Málaga encontramos a la cabeza a Benahavís entre otras localidades como Pujerra, Mijas, Canillas de Aceituno, Cómpeta, Genalguacil, Igualeja, Torrox, Sayalonga y Benarrabá.

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